Menstruación consciente, Sin categoría

4º Sembrar la luna

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El útero es un tambor de vida que late, vibra, canta…
Es un órgano que cambia de tamaño y de de forma, y que guarda memoria.
¿Lo sabías? O mejor aún… ¿lo sientes?


A menudo no lo recordamos pero…
Nuestro útero es un segundo corazón, que late, se expresa y crea la vida en todas sus formas (no solo la humana). Es un espacio vivo que guarda la memoria de todas las mujeres que nos precedieron, pues nuestro útero estuvo en el de nuestra madre y éste en el de nuestra abuela, y éste en el de nuestra bisabuela… y así hasta la primera mujer.

Todas estamos unidas desde esa primera mujer y la MadreTierra, por el hilo rubí.
Todas sangramos mes a mes, creando la vida a partir de ese hilo.
Todas tenemos un tiempo de reconexión profunda con el misterio femenino: la sangre, y con la vida-muerte-vida, el poder creador/destructor de la MadreTierra y la alquimia que trae la consciencia cíclica.

Así, imagina lo que estamos haciendo si tiramos la sangre menstrual a la basura, como si fuera desecho. ¿Cómo estás tratando algo que te une a todas las mujeres, a tu consciencia, o a tu útero?

La menstruación nos ayuda a liberar, renovar, abrir y guardar mucho de lo que somos emocional, psíquica, física y espiritualmente.
¿No te lo crees?
Fíjate qué pasa en ti cuando no menstrúas porque hay un retraso.
Más allá del miedo al posible embarazo no planeado, tu cuerpo se siente bloqueado, pesado, duermes mal, estás cansada, retienes líquido, te sientes hinchada… Y en lo emocional no estás mejor: estás irascible, irritada, desconectada, enfadada, vulnerable, como sin estar en ti…
¿No te ha pasado? ¿No lo has sentido alguna vez con algún retraso?

Y todo se reduce a que tu energía no fluye, porque hay algo bloqueándola. En nuestro útero, en nuestra matriz, reside la energía primordial… Y algo ocurre con ella cuando tenemos un retraso.

Hoy, siguiendo con el “Plan de autocuidado cíclico” que te cuento aquí,  vengo a hablar de algo que puedes hacer cuando sientas dolor, desconexión, tu ciclo sea muy irregular, quieras sanar tu linaje (o estés trabajando con él), hayas tenido un retraso… O simplemente quieras adentrarte en tu naturaleza cíclica de una forma más amorosa, respetuosa y consciente.
La “siembra de Luna” te invita a elevar tu consciencia y vibración, adentrarte en ti y reconectar con tu espiritualidad femenina. Faltita nos hace todo esto en este mundo. Sí, poner más corazón y menos mente, y habitarnos de verdad desde el sentir del cuerpo y su expresión, desde el lenguaje de la piel y la sangre…
Por eso, aquí y ahora, te invito a abrirte a esta posibilidad sin juicios, sin racionamientos que limitan tu sentir… Prueba, a ver qué pasa, aunque sólo sea por una vez.

Te diré algo, sembrar  nuestra luna (menstruación) es algo muy íntimo, que requiere dar un paso adelante ante las creencias que nos han ido inculcando sobre nuestra sangre menstrual.  Es algo bastante raro, extraño, que a muchas mujeres les puede parecer de locas…
Pero es que precisamente requiere romper con todo ese tabú que aún en pleno siglo XXI sigue existiendo con la sangre menstrual, con que es sucia, con que es algo demasiado asqueroso… y aceptar nuestro cuerpo de mujer  tal cual es.

Sembrar la luna es una forma de limpieza, conexión, transformación, sanación y gratitud.
Y no, no es para todas, supongo.

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Es un canto a la vida y también a la muerte.
A la vida, porque con esta sangre la humanidad existe (entre miles de ejemplo más).
A la muerte porque, un poquito más, “muere” la sombra (entendiendo ésta como todo ese dolor oculto, silenciado, el sentir más profundo que muestra todo aquello que tenemos que recolocar, reaprender, sanar…  La sombra son todas nuestras emociones más negativas, que tiene mucha relación también con lo heredado, con los patrones y arquetipos sociales y las creencias que se nos ha inculcado del cuerpo, de la responsabilidad, la culpa, etc) y al morir un poquito más la sombra, algo profundo se transforma… Asíllega el silencio de la calma… Y con ese silencio, viene la escucha de todo lo bueno que está en ti,  y la sabiduría.
Empiezas entonces a verte hermosa, consciente, capaz, valiosa, llena de vida, de poder, de raíz, de dones… ¿Me sigues? Todo se transforma. Porque tú entiendes que eres la hacedora de tu propia vida, de tu propia luz, de tu propio transitar. Tienes ese gran poder.
Y muere también un poquito más ésa vieja mujer… que cada vez menos te representa, porque comienzas a entenderte sagrada, poseedora de toda la sanación, única hacedora de tu vida, sí.

Sembrar la luna también es dar las gracias a la vida por ser cíclica,  en constante cambio y/o evolución y movimiento. Es dar las gracias por tener el don de la vida y la oportunidad de recogimiento e introspección, mes tras mes, luna a luna, en donde observar todo aquello que no queremos, que nos duele, que no nos deja continuar y se atraganta en las tripas…y devolverlo a la Madre Tierra en forma de ofrenda.
Es precisamente eso, darle las gracias a MadreTierra por estar dentro de nosotras, y recordarnos que formamos parte de algo externo, porque también hay algo interno que vibra, late, danza y se mueve igual, entrelazado y en armonía.

Y por supuesto también es una forma de gratitud, de honrar y sanar todas nuestras heridas… que no son sólo nuestras, sino que forman parten de nuestro linaje de mujeres, abuelas, ancestras y madres de nuestro árbol uterino.
Entregándole a la MadreTierra todo ese dolor, ese sufrimiento, ésas lágrimas, toda la sombra, todo lo que emerge y no se sabe transformar todavía, gestionar o aceptar su desafí …
Ahí lo devolvemos, a la Tierra, de donde vino. Para que tras ese hoyo, tras esa planta y su raíz, tras esa ofrenda, todo se transforme y haga el camino de vuelta también en nuestro corazón y útero…

Y sé que para muchas esto no es nada fácil.
Quizás haya demasiado mente mientras estés leyendo esto y me llames loca, sucia, “ay qué vergüenza”, etc. No pasa nada. Tal vez esto no sea para ti…
Pero sólo observa entonces qué te dices a ti misma con esa mirada. ¿Cómo miras tu sangre? ¿Cómo tratas tu cuerpo? ¿Cómo te relacionas con tu naturaleza cíclica? ¿Y con ése dolor, qué haces, luchar…? ¿No prefieres transformarlo y entender qué quiere decirte que duela algo tan natural como respirar, orinar, cagar (si, deja de ser tan “correcta”, ¡somos animales!) o comer?

Te invito a seguir leyendo si le pusiste demasiada mente-censura a todas las líneas y preguntas anteriores, para darte la oportunidad de abrir un espacio nuevo en ti que no controles, sino sientas.
Y a ti, que ya siembras tu luna o tienes ganas de empezar a hacerlo, te muestro aquí, cómo yo hago este ritual de Luna desde hace años ya , y cómo puedes hacerlo o inspirarte para hacer el tuyo.
El ritual íntimo de alquimia y medicina sagrada que puedes hacer mes tras mes, simplemente para ti…

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Lo primero por supuesto, es dejar de usar tampones y compresas desechables.
No solo porque son tóxicas y tienen compuestos que te hacen sangrar (puedes ver más aquí ), sino porque te desconectan de tu naturaleza menstrual, no te permiten ver el color de tu sangre (recuerda que ésta dice mucho de cómo está tu salud según su matiz, textura, color…), contaminas el planeta, y perpetuas la idea de que es algo sucio, de que es tabú o es algo que “no tiene que ver contigo”, y te lo metes bien adentro vez tras vez (por mucho que creas que es un acto-reflejo, ya bien metidito en ti y completamente normal, NO LO ES), negándote mucho así.
Pasa varias lunas experimentando y viendo qué cambios hay, qué sientes, cómo vives menstruar y qué cosas van cambiando tras usar compresas de tela (yo empezaría por ahí) o la copa menstrual. Eso te ayudará a ir reconciliándote con ella y sanar la herida patriarcal de verla como algo repulsivo, sucio, inservible…

Ahora, en cuanto al ritual, te muestro dos formas que yo hago según como haya vivido mi mes o cómo haya sido.

1- La cueva que transmuta:   cuando me ha ocurrido algo durante una luna (menstruación) y otra, a nivel emocional o ha sido un mes difícil o movidito internamente por lo que sea, y me siento removida, cansada,  triste, enfadado, etc… Hago un hoyo en la Tierra, como una cuevita subterránea y deposito en ella mi sangre. Después, con la tierra que he quitado, tapo la sangre y echo dentro o pongo encima flores, hojas, ramas, piedras…

De esta manera siento que entrego mi dolor, mi pena, a la Tierra desde lo profundo, para que Ella lo transmuta y de ahí crezca, con sus nutrientes, desde la oscuridad, la luz.

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2- El riego de la vida:
cuando mi mes ha sido equilibrado, o me he sentido más conectada conmigo misma, emocionalmente en bienestar o en mi centro, entrego mi sangre en forma de río que riega directamente las plantas, los árboles, las flores…

Así mis emociones que son vida, nutren otras directamente. Como rayos de sol que se encuentran y hacen más fuertes y brillantes, en la luz.

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Y en general, a modo de Siembra LUNAR, independiente de la forma que elijas, a mi parecer, siempre ha de haber estos factores dentro del RITUAL:

  • LA SANGRE:
    Deja remojar en un recipiente con agua tus compresas de tela, durante unas horas o frótalas para sacar la sangre (por supuesto sin jabón). Después recoge esa agua y échalo en un recipiente especial (que sea exclusivamente para eso, y bonito para ti)
    Si usas la copa: vacía tu sangre dentro de un recipiente destinado a tus “recogidas”. Cada vez que la vacíes,  añádele un poco de agua para compensar tantos nutrientes.

    El ritual de “ la siembra” lo puedes hacer en el momento, cada vez que tengas suficiente agüita,  o ir juntándola durante X (todo el día de sangrado, tus días de luna…) para hacerlo al final, antes de ir a dormir o cuando tú sientas.

  • EL ALTAR LUNAR: tanto si eliges el campo o la naturaleza, como si prefieres hacerlo en una de tus plantitas, en tu entrada de casa o tu patio; crea un altar  decorando el lugar con cosas bonitas con las que vibres, con cosas que te gusten: velas, piedritas, minerales, flores,  alguna figura, algún collar…etc.  No tiene que ser algo muy grande o recargado..
    Es el espacio que acompañará tu entrega a la MadreTierra, el proceso por el cual devuelves tu sangre, y eso no puede ser de cualquier manera.
    ¡Ponle sentido! Hazlo bonito.

    Recuerda que ese lugar sagrado lo estás preparando para ti. Para tu Diosa interior. Para tu sabia interior.
    Conecta con tu respiración, siente cada cosa que pones (no es poner por poner, o hacer por hacer), cada pensamiento, cada detalle… ¡Es importante! Es un espacio íntimo para celebrar y honrar algo muy bello y sagrado: tú renacer. Tu sangre de vida. Tu sangre creadora. La savia que te une a todas las mujeres de tu árbol.

  • LA ORACIÓN:
    en si todo este ritual, todas las opciones, son bien personales e íntimas.
    Dependerá de ti porque lo importante de esto es dejarse fluir, llevar, adentrarse en todas esas emociones que van surgiendo y dejar hacer a la Sabia que llevas dentro.
    Deja que tu espiritualidad se exprese. Deja un poquito la mente y recréate en la luz de tu cuerpo que sabe qué hacer… Es magia, magia pura.

Y cuando la magia se manifiesta, está trayendo la medicina interna que portas, que guardas.

Puedes cantar, reír, llorar, murmurar, cantar un mantra o decir una oración.
¡Y tantas cosas más!
Celebra la vida.
Celébrate cíclica.
Célebrate viva.
Celébrate sana.

Porque si la sangre llega, aunque duela, aunque te remueva, aunque estés en todo ese proceso de sanar… ¡Estás sana, viva!

Di aquello que surja… Déjate llevar…
O bien puedes preparar unas palabritas como éstas:


“Yo, mujer sagrada,
cíclica, imperfectamente perfecta,
semilla de La Tierra,
te entrego mi sangre de vida,
mi luna roja,
savia sagrada que lleva parte de mi.
Yo,
desde mi niña, mi mujer madre,
mi chamana y bruja,
desde ésta, mi esencia cíclica,
me entrego, suelto y libero.

Para despertar mi medicina interior
y sanar infinitamente.
Desde la sangre que me trajo hasta aquí,

Donde se guarda la memoria y con ella se manifiesta.
Mi madre, mis abuelas,
están aquí.
Ellas soy.
Ellas suelto, también.

Yo, mujer sagrada
te devuelvo mi sangre,
para que tu medicina se abra, Gran Madre,
para recordarme a mí misma que vengo de ti.
Que en mí estás,
y conmigo, está tu medicina milenaria,
tu latir y fecundidad.
Yo (tu nombre)…
invoco mi gran poder,
para sanar, florecer,
recordar y forjar
a esta nueva mujer que hoy renace.
Gracias sangre por
hacer que mi cuerpo sea alquimia y vida.
Gracias Madre
por contenerme y sostenerme.
Gracias (tu nombre)
por seguir creciendo
en Unidad conmigo.
Así sea.

Y así será”.

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Deposita entonces tu sangre y quédate ahí al menos un ratito, sintiendo, en silencio, meditando, cantando, simplemente siendo Una con la Tierra y contigo.

Deja que la magia se abra paso, ante la mente o la prisa… Ante el juicio y la vergüenza.


 

Nuestra sangre menstrual devuelta a la MadreTierra, crea vida, pues  contiene cantidad de nutrientes, vitaminas y células madre. ¿No te parece mágico? Conectando contigo, sintiendo, dándote espacio para experimentar y sanar…  Estás devolviendo vida a la Tierra que nos han enseñado a tirar…

Al menos una vez date el permiso para hacerlo… A ver qué pasa.

Y es que sembrar la luna es permitirnos la posibilidad de renovar toda nuestra interioridad, “resetearnos” de dolores y penas, y así liberarnos (e incluso liberar a nuestras ancestras) de lo que ya no nos vale, ya no sirve, ya no queremos más.

Devuélvela a la Tierra.
No la tires más.

Con Amor,
Rose

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