La curandera del alma

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Llorar era uno de las herramientas innatas que tenemos en nuestro cuerpo para sanar. Lo hacemos sin ser conscientes de todo lo que libera, te hace soltar y distender.
Es una de esas tantas cosas que nuestro cuerpo sabe hacer, sin más, sin “intervención”.
Sencillamente sale, las lágrimas brotan… y aunque el dolor a veces es profundo, después de esa “tormenta”, llega una calma que te hace sentir un poquito más de paz, de visión y claridad.

A mi me encanta pensar que las lágrimas son una herramienta maravillosa de curación, y recordar esto cada vez que estoy tan triste como para soltarlas.
Y es que a veces, sin saber muy bien el qué o cómo hemos llegado hasta allí, nos alberga una pena arrastrada desde hace tiempo. Es esa sombra apoderándose de nuestra luz interna, que muchas veces ahoga y angustia…
Entonces, en ese momento tan profundo, doloroso y de duelo, una tiene dos opciones (bueno, tiene más, pero estas dos son más significativas para una misma):

  • seguir llorando hasta que no queden más lágrimas, dejando para otro momento la acción y la transformación, prefiriendo quedarse quietita, y dejar que las cosas “ocurran solas”, en consecuencia…
  • o mover el culo, todo el cuerpo, la visión, los pasos y el alma hacia la mejor versión de sí misma (PARA NOSOTRAS MISMAS esta vez), y atinar mirando sobre lo que necesita, lo que quiere, lo que ya no le vale o sus nuevas metas.
    A veces sencillamente sólo nos hace falta darnos ese llanto, seguido de una mirada bonita, de una caricia interna propia, de unas palabras de amor para nosotras mismas… Un querer empezar a recolocar todas esas heridas, conocerlas de cerca, saber de su raíz, de lo que nos provoca, y así, paso a paso, se va tejiendo un camino hacia el centro de nuestro Ser, ese ser herido y hermoso que nos habla de la esencia, de la luz y la sombra, y todas nuestras capacidades.
    Y todo, después de esa tormenta y la calma que con ella llega, parece distinto, más amable, con la certeza de que ese momento difícil era perfecto para seguir aprendiendo a conocerse, tratarse y verse mejor. Para seguir aprendiendo a ser responsable de nuestro propio autocuidado, de nuestro caminar.
    Ahí entonces se acompaña el dolor, se sostiene, viviendo el proceso de conocer nuestras heridas y permitir que se hagan cicatriz. Es todo un proceso de amor por una misma, porque ahí ves tu vulnerabilidad, tu poder y tu capacidad de transformarte día a día.

Ahí te acompañas, y escuchas tu propia voz. Y le pones atención y consciencia a tu verdadera necesidad, para dártela o empezar a hacerlo. Ahí te abrazas, aflojas tantas exigencias a ti misma, te pides perdón e incluso te das las gracias . Porque comprendes que tú eres todo lo que necesitas y que esas lágrimas son tus aliadas. Que nadie mejor que tú para reconocerte auténtica, capaz, cambiante y llena de magia. Curandera de tu propia alma.
Adelante, hermana.
Quiérete mucho. Y si has de llorar, llora, suelta, libera… Y abrígate a ti misma, cobijate con tu cuerpo. Date lo que necesitas y por encima de todo, ÁMATE.
Esto pasará…
Puedes hacerlo.

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*En nuestra Comunidad Online de autocuidado, estudio y sabiduría femenina, Mujer Tierra, re-aprendemos y re-conectamos con nuestras herramientas internas, dándonos ese momento de amor por nosotras mismas. A través de distintas dinámicas y herramientas de autoconocimiento, podrás trabajar temas como la niña interna, el linaje femenino o tu ciclicidad.
¡Pronto cerramos las plazas!
Para más info: tribulunera@gmail.com

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