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Hormonas del ciclo menstrual

A lo largo del mes, vivimos como en una montaña rusa física y emocionalmente. Las hormonas tienen un papel muy importante ahí y de eso vengo a hablarte hoy.

Y es que cuando hablamos de las distintas mujeres que somos a lo largo del ciclo menstrual, en realidad estamos hablando de la variedad y los cambios hormonales que vivimos durante nuestro ciclo. Esa es la base de todo… al menos, la científica. Porque nuestras hormonas son la clave para entender el comportamiento de nuestro cuerpo y cómo funciona de manera cíclica.
¿Te has preguntado alguna vez cómo funcionan?

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Quizás, para poder seguir avanzando en cómo funcionan nuestras hormonas, tenemos que saber primero qué es una hormona, ¿no te parece?
Una hormona es una sustancia soluble producida en muy pequeña cantidad en distintos órganos del cuerpo que, a través de la sangre, llegan a otros órganos y facilitan su función. Las plantas o cualquier organismo multicelular también producen hormonas, no solo nosotras. Son como el lenguaje del cuerpo o las mensajeras que nos ayudan a regular las funciones básicas y los posibles cambios físicos o exteriores.

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Lo curioso es que ya empiezan a producirse desde el útero materno, y aunque sus niveles están bastante bajos en la infancia, aumentan en la pubertad.

Algo que ya sabemos todas es que son esenciales para que más adelante, se produzca la fecundación, la implantación, el embarazo, el parto e incluso la lactancia.

Principalmente las hormonas que nos acompañan durante todo el ciclo menstrual son los estrógenos y la progesterona. Aunque hay muchas más que también están presentes como la hormona luteinizante (LH),  la hormona estimuladora del folículo (FSH), el estradiol (E2) o la hormona lactogénica (LHG) . Constantemente es una danza cíclica, una bajada y subida de unas en perfecta armonía, aunque estén producidas en distintas partes del cuerpo.

Cualquier desequilibrio en la producción de estas hormonas, provocará no sólo un desequilibrio en el ciclo, sino también afectará a las emociones, al cuerpo en sí (cansancio, subida de peso, insomnio, ansiedad…), la líbido, el deseo sexual, etc.

Los estrógenos:
se les llama también hormonas sexuales, ya que son las encargadas de nuestro desarrollo reproductivo y sexual. Son los ovarios los encargados de producirlos (aunque en menor medida las glándulas adrenales también lo hacen). Su función principal es hacer que nuestro aparato reproductor sea fértil, por eso, en la menopausia, hay un descenso importante en la producción de esta hormona.
Nos ayudan a preparar el útero para nutrir el feto, estimula el desarrollo del pecho en la pubertad para producir y prepara las glándulas para producir, más tarde, leche. Estimula también la maduración de los ovarios.

La progesterona:
Actúa en la segunda etapa del ciclo menstrual, preparando el endometrio para la implantación del embrión (si lo hubiera) y parando los cambios endometriales que producen los estrógenos. Se encarga además de engrosar y mantener el endometrio en el útero, que, al no haber recibido el óvulo fecundado, disminuye, produciendo la menstruación.

Su fuente principal es el ovario (cuerpo lúteo) y la placenta.

La hormona folículo estimulante (FSH):
Es una hormona secretada por la hipófisis. En la mujer produce la maduración de los ovocitos y en los hombres, los espermatozoides.

La hormona luteinizante (LH):
Permite las modificaciones cíclicas del ovario durante el ciclo y la producción de progesterona.

Estradiol:
Tiene una función clave. Es el estrogeno predominante durante los años reproductivos. Son necesarios para el desarrollo del útero, las trompas uterinas, la vagina y los senos.

Hormona lactogénica (LHT):
Estimula la producción de leche en las glándulas mamarias después del parto. Es conocida también como prolactina.
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Ahora que sabemos para qué sirven y qué son, podemos entender mejor nuestro ciclo:

Menstruación
Nuestras hormonas están en mínimo porque es el principio cíclico de nuestro mes. Está desprendiéndose el endometrio (nuestra sangre menstrual).
El último día o llegando al final, sentimos un cambio casi radicical debido a la reaparición del estrógeno y la testosterona en tu cuerpo. Llegan también la serototina y la adrenalina (ayudados por los estrógenos), haciéndote sentir más enérgica y avispada. Sube el deseo sexual, las ganas de hacer y moverse, e incluso las ganas de comer.

Preovulación:
Los estrógenos van en aumento, y con ellos, nuestra “socialización”: las ganas de hablar, compartir, salir, tener actividad mental…
Se debe a la alta presencia de estradiol que nos da locuacidad, actividad mental y física y comunicación que continua llegada la ovulación.

Ovulación:
Pasados los primeros días de esta semana, tu óvulo es liberado y el ánimo a tope empieza a disminuir, como la testosterona y el estrógeno. La progesterona empieza a subir preparando tu cuerpo para un posible embarazo. Esta hormona hace además que aumente el endometrio (si no quedas embarazada, será expulsado en la menstruación)
La progesterona es bastante “sedante”, quizás puedas sentirte relajada, somnolienta o con pocas ganas de socializar llegando al final de esta etapa. Además, disipa bastante esa claridad mental que teníamos antes y nos da por tener deseos de dulces o alimentos salados. Emocionalmente, nos hace estar bastante “permeables” o vulnerables… Llegando a la:

Premenstruación:
La última fase. Tu endometrio los primeros días sigue creciendo para ser eliminado cuando empiece el nuevo ciclo. El estrógeno se desploma, la serotonina también y parece que llega esa “depre” en muchas mujeres (no es del todo así, pero sin duda en esta fase es donde más se nota esas emociones bajitas y necesidades no resueltas), el hinchazón, el malestar estomacal, algunos calambres, fatiga o esa “senbilidad emocional”. E incluso aparece el mal llamado “síndrome premenstrual”, no solo por las hormonas sino por los factores químicos, nutricionales, etc durante todo el mes.
En esta fase nos cuesta mucho gestionar el estrés, y cuando estamos desconectadas de nuestro centro, parece que cualquier cosa nos afecta y duele.

 

Pero todo esto no es solo hormonal, también es cultura, es social, es político. No somos nosotras solas… No esa “locura femenina” de siglos atrás que creía inferior a la mujer por esa “imperfecciones”, que sigue hoy día en esa mirada misógina de que las mujeres somos inestables por naturaleza.
No, SOMOS CÍCLICAS. Ellos cambian también.

Vivimos en un mundo que olvida a las personas, los sentimientos y la luz. Estamos hasta arriba de mal oxígeno, tiempo y violencia. Estrés, listas de cosas por hacer, alimentos estrogenados para producir mejor en esta cadena de seres human@s productivos y eficaces para el SISTEMA.
No nos olvidemos de eso.
No somos imperfectas. No tenemos dentro el enemigo. No somos las culpables de nada.
Si, esto es neuroquímico pero también cultural y antropológico.
Y personal y totalmente discutible…

 

 

Con Amor,

Rosa Bellido

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