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Sangrado libre

Por mis piernas recorre un río rojo caliente.
Un río que limpia todo a su paso.
Y está bien así, llegará un momento en que llegue a la tierra, porque estoy sentada en ella y me voy a quedar aquí por un rato largo. Sin hacer, sin pensar, sin moverme.

Sola yo, con mi sangre y la Tierra.
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Cuentan que antiguamente las mujeres se reunían en un lugar muy especial donde sangrar juntas. Eran espacios en donde sólo podían entrar las mujeres, y se cuidaba, se hablaba y manifestaba lo femenino. Un lugar rojo rubí, como la sangre, en donde conectar con los ritmos, disfrutar de la tribu de mujeres y compartir información, sentimientos y experiencias.
A veces, cuando fantaseo con la imagen de ese lugar, me imagino a mujeres conociéndose hondo, hablando sin vergüenzas ni tapujos de su ser cíclico, y por qué no, dejando que su sangre recorriera sus piernas sin sentir vergüenza, miedo o asco porque la otra le mirara o juzgara, y sobretodo sin juzgarse ni avergonzarse a sí misma por hacerlo.

Y es que, ¿por qué siempre “controlar” nuestra sangre? ¿Por qué siempre tirarla a la basura, o al wáter?

Hoy, estando menstrual, semidesnuda y bastante irracional, me gustaría hablaros de la sangre menstrual como fuente que recorre la parte de nuestro cuerpo hacia la tierra. O como conexión profunda con nuestro cuerpo, con nuestra útera: y de cómo conocerla tanto (la útera) que sientes el momento donde has de “liberarla” (tu sangre).

Hoy vengo hablaros del sangrado libre.

Comencé esta aventura de autoconocimiento o autocoñocimiento menstrual hace más o menos seis años. Y todo ese tiempo he sentido que cada vez era más profundo y placentero el viaje.  Que estoy recordando lo que ya sabía. A través de él, he ido cambiando creencias que me limitaban y me hacían mucho daño, y sobretodo, he aprendido que no hay límites ni verdades absolutas para expresarlo.
Cuando comencé, dejé de usar poco a poco compresas desechables (apenas si utilizaba los tampones, siempre me han parecido cuerpos extraños introducidos en mi vagina sin placer…), y me fui apasionando por el mundo de las compresas de tela y uno de los invento que, para mí, simbolizan un gran cambio de consciencia en lo femenino, o al menos, en lo que se refiere al empoderamiento menstrual: la copa menstrual. (Ya sabes, ése instrumento de silicona médica que se introduce en la vagina para recoger la sangre menstrual, que luego puedes lavar sin problemas y hervir para su nuevo uso).
Así, usándolas me pasé los primeros años… Expandiendo la consciencia y buscándole más significado adentro, del que simplemente puede verse. ¿Cuáles? Pues descubrí que mi sangre va cambiando de color, de textura, de olor, de mucosidad, de intensidad… Que puedo usarla (y sé que eso para muchas os va a sonar muuuuy raro, relájate y fluye, a lo mejor a ti nunca te pasará y encontrarás otras formas de relacionarte con ella) y que puedo conectarme a través de ella con grandes espacios dentro de mí, con muchas cosas hermosas que están ahí y me traspasan, y me envuelven… Hablo por ejemplo de mi linaje, de mi chamana interior, de la medicina que soy o de la alquimia que habita en mí. Hablo por ejemplo de hacer con ella dibujos, pinturas muy espirituales y de poder, alimento para la tierra de mis plantas con la que la riego, etc.
Y es desde ahí, desde donde empecé a cuestionarme porqué, pese a reconciliarme muchísimo con mi cuerpo, y por supuesto, dejar de dolerme sangre (para mi durante años ha sido un verdadero calvario), seguía limitando mi sangrado a solo recogerlo, “dejarlo hacer”…
En los talleres o acompañamientos que hago de temática menstrual, siempre digo, que menstruar no tiene que doler porque es un proceso natural más, como respirar, orinar o parpadear. Algo que nace del cuerpo, que es cuerpo. Pues eso me hizo reflexionar en que, si a veces puedo tomar consciencia de que estoy respirando, e incluso respirar de la manera que quiero (profundo, desde el diafragma, más lento….) u orinando, y por ejemplo, aguantar hasta encontrar un lugar donde hacerlo…. ¿podría “controlar” la expulsión de mi sangre?

Y empezó todo.
Empecé haciendo respiraciones y ejercicios que me ayudaran a conectar con mi útera. Y, con el tiempo y la práctica, fue siendo más consciente de cuando mi sangre iba a salir. Al principio, seguía llevando compresas de tela a modo de prevención, pero luego me animé y opté por limpiarlas igualmente si no lo conseguía. He de decir, que además de esa preparación de reconectar con una parte del cuerpo tan importante y poderosa como es la útera (si, no voy a llamarlo “útero”, no es un erro, yo la llamo así), las compresas de tela y la copa menstrual te ayudan a integrar muchas cosas de las que antes hablaba, y a tomar consciencia también de cuándo va a salir la sangre, aunque sea un poquito. ¿No te pasa?
Entonces, había una parte del trabajo ya hecho… Pero fueron muchos meses de introspección, conexión y oye, también de trabajar la sombra (miedos, creencias, heridas…) que salía con todo ese trabajo interno. Yo soy así, no puedo separar las cosas de un significado profundo o hacer las cosas sin conectar con la raíz…. Para mí de nada sirve utilizar una copa menstrual porque es cómoda para hacer deporte o por lo que sea, si luego te sigue dando asco tu sangre o escondes que estás menstruando. Al igual que para mí no me vale hacer sangrado libre e ir al wáter a “evacuar tu sangre” y luego darle a la cisterna…
Pero  vuelvo a decir una vez más lo que siempre digo, que además es un pilar en la filosofía de La Tribu lunera, y es que no hay verdades absolutas, que tu cuerpo es tu tuyo, que tú eres el mapa, la brújula, y la clave. Y eres tú la que tienes que experimentar y aprender de ti y tu cuerpo, nadie te va a dar fórmulas…

 

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¿Y entonces… cómo lo hago, qué hago yo para sangrar libre?

  • Lo primero que siempre hago, independiente de todo lo demás, cuando siento/sé que va a llegar mi sangre es preparar mis cositas: mis faldas, mi altar, las velas, la copa la hiervo siempre “por si” me apetece (últimamente la verdad es que poco), aceites y tisanas (si tengo que hacerlos, si sigo tomándolo desde la fase premenstrual), limpio mi habitación roja (pronto os voy a hablar de ella), y empiezo a cantar/meditar/con las respiraciones a diario un ratito (el momento para mi).
  • Cuando mi luna (mi sangre) baja, la espero. A veces incluso la dejo seguir su camino, dependiendo también donde esté… Y si no, el primer día me pongo una compresa de tela.
  •  Cuando siento que necesita salir, y estoy en casa, yo que vivo en el campo, salgo fuera, a la tierra, voy al huerto o al río… y como siempre trato de ponérmelo fácil e ir cómoda (con fálda, sin bragas), me pongo de cuclillas y la expulso. La sensación es como contraer un poco la vulva y el útero, y “plim” baja. O a veces, sencillamente al baño. Eso sí, no la echo por el wáter, coloco encima (con la tapadera cerrada) una palangana que solo tengo para ello, y cuando acabo (puedo dejarla apartada para usarla después o si es mucha,  ser echarle agua para regar después mis plantitas, o ponerla en un bote sin tapadera, con un papel encima para secarla), sencillamente me seco, y ya está, a otra cosa 😉
  • Por las noches descanso ahora que soy madre. Bueno, “descanso” de hacer sangrado libre, porque doy teta y general, no descanso mucho jajaja. Así que me suelo poner una compresa de tela de noche, por comodidad. Pero la verdad, es rara vez la que sangro. Por la mañana necesito levantarme pronto a vaciar y es la vez que me expulso más. Ahí es cuando me sorprende de la importancia de tomar consciencia de nuestro cuerpo, su ritmo, sur espiración, el cómo se abre para expulsar la sangre y esa conexión mística que se produce cuando lo consigues. Ahí es cuando me maravillo de su color, tan brillante y rojo.
  • En el último día, siempre hago ceremonia de limpieza. Suelo llevar una cuerda, IMG-20170417-WA0009.jpghilo, trozo de tela roja en la muñeca durante todo el mes (en los días de sangrado, llevo mi cinturón menstrual, del cual os hablaré muy pronto), que simboliza el
    hilo rojo que me une a todas las mujeres, a mi linaje. Cuando llega mi sangre, o hay veces, según como haya sido el mes, que espero al último día de sangrado, hago un pequeño ritual de agradecimiento, limpieza y honrar(me) y deposito en la tierra mi primera (o última) sangre, regando ese hilo que entierro. Después me doy un rico baño y descanso mucho durante el día.

 


Es importante tomar consciencia de que el sangrado libre requiere agrandar la mente, romper muchas creencias que pueden haber salido en algún momento, en ti, al leer mis palabras, y que hemos tenido todas muy presentes, en nuestros cuerpos, creyendo que nuestra sangre ha de ser tabú, sucia o desperdicio. Que debemos dominar, controlar y despreciar nuestro cuerpo… Que nuestra sangre es asquerosa. ¡PORQUE NO LO ES!
Te invito a que busques, investigues, cuestiones, experimentes… y lleves a ti, a tus formas, a tu cuerpo, a tu historia, todo lo que sientas quieres cambiar y que otra hermana u otra mujer te inspire para cambiar, porque si lo ves afuera y te remueve, te llama la atención o sientes que quieres sentir eso, es porque está dentro de ti. Porque somos espejos.
Te invito entonces a “jugar” como una niña con tu sangre, por qué no, a ver qué pasa.
Y que si te apetece, me cuentes por aquí o por privado tribulunera@gmail.com, cuando quieras.

 

Necesitamos volver a conectar con nuestros cuerpos, recordar la sabiduría de nuestra sangre y dejarnos de limitar la consciencia….

Te abrazo, gracias por acompañarme en esta aventura lunera.

Con amor,

Rosa Bellido ❤

3 comentarios en “Sangrado libre”

  1. Me parece fabuloso! Yo quiero intentar eso pero me queda duda.. eso se logra haciendo conciencia de mis respiraciones, sentir mi cuerpo, mi útero pero tengo que hacer algún ejercicio físico? Por ejemplo los ejercicios de kegel o algún otro? Gracias!

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    1. Si, Cristell, ayuda mucho ejercicios de conexión con el útero (danza, yoga lunar, kegel, trabajo general de suelo pelvico…), pero sobretodo experimentar, ir dándose lugar, jugar…. Me encantaría seguir tu experiencia bella. Un abrazo

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  2. Hola, que experiencia tan profunda! Yo llevo 4 años con compresas de tela y un año con copa. Siento lo que dices de la conexión con tu útera, y aunque voy despacio, siento que hay una conexión. Cuando la recojo, algunas veces la siembro y otras la uso para pintarme sobre el cuerpo y sentirla.
    Es poder! Maravilloso.

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