Menstruación consciente, Sin categoría

Animal roja

Mírame, soy un(a) animal.
Puedes escuchar mis gemidos, puedes oler mi piel. Sentir mi cuerpo buscar cobijo en la cueva, entregarse al sol.
Mírame, temo al fuego y a la vez lo amo, porque es en él donde hallo respuesta e inspiración. Lenguaje misterioso de los espíritus.
Soy animal. Animal hembra y sangro.
Puedes acercarte, buscar la herida y ver que no muero.
Sangro desde mi útera, desde el pasado, desde todas las úteras de mis abuelas, de mis madres, de mis hermanas…
No estoy herida.
Y la vida no termina con esta muerte simbólica.
Mi cuerpo se mete hacia adentro, como las raíces…
Mi sangre cuenta historias no escritas en las palabras que buscas.
Conecta hilos de otras que sangran como yo. Conecta vida, útera y pasos, corazón y poder.
Acalla  la mente y me hace permanecer quieta, sentirme parte de la tierra y ser silencio, volverme sabía.
Adiestra todos esos miedos, todas las rabias, todas las violencias, para hacerlas coraje, valor y fuerza.
Me hace encontrarme sin salida con  todos los fantasmas de mi ser y saber su origen y su secuela en mi cuerpo, como cicatriz que muestra.
Me hace. Me enseña.

Mi sangre no es herida porque no me hace enferma.
No me hace débil.
No me mata.
Al contrario, me renace, me abre puertas.
Me (re)crea. Da aliento y alimento. Forma vida.
Me llena de sabor a tierra, al rugido de las vísceras,  a lágrimas de lava que todo lo derrite y todo lo derriba, hasta lo que creía no poder derrumbarse: todo lo que no sirve, todo lo que no cuenta. Todas las hojas cayendo, todas esas ropas. Y sabe también a dolor, de ése del que tanto nos enseñan a temer pero que a mí me parece tan bello en el fondo, tan  necesario, como una llave, con una flor delicada.
Podría decirse que es uno de ésos dolores más vivos… Uno de ésos que hace retumbar todas las montañas y quebrarse todos los caminos. Y que trae un leguaje, un mensaje, unas formas distintas de hacer el camino… Y también sabe a bosque, a hoguera, a viento en la cara, a moho, a truenos y tormentas, a sal y quebranto, a manos llenas, a salvia y también a canela, a susurrar de piedras,a lágrimas,  a quejidos y aullidos, a las profundidades de la cueva más mágica y cálida,
poderosa y sanadora
que pueda recibir la vida después de la útera de nuestra madre humana.
Otra animal.
Mírame,
sangro y no muero,
y no es herida sino vida que comienza de nuevo.
Como yo.

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