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La chamana me enseña

Hay una chamana alojada en mí.
Ahora mismo quiere danzar con mi sombra. Me pide a gritos  danzar…
A gritos de sonidos guturales parecidos al de las lobas pariendo o al sonido que se mete por las grietas de la montaña.
A veces ríe.
A veces su llanto hiela las paredes y se convierte todo en hielo que refleja.
Yo no sé cómo separarla de mí. Sé que es la yo más sabia.
La que se acerca a mi esencia más vulnerable para darle alas.
La que conecta con la semilla desde la raíz y se para a verla, a hablarle, a oler la tierra, a orar. La que da poder a la mujer medicina que aspiro ser y a la vez, me enseña que la medicina que tengo dentro es mi mejor cura.
La que toca todo y lo llena de vida…

A penas dice palabras… Y si las dice no se unirlas entre sí porque en cada una hay una razón y un símbolo. Solo me mira de cerca, es como si su mirada fuera todo el océano habitado de sirenas que cantan canciones que se repiten una y otra vez.
Esa canción me suena. Ésa canción forma parte de mí.
Viene de otros mundos quizás.

De a ratos, me saca la lengua como Kali, y en su pelo parece que en vez de trenzas, tuviera lianas de pura selva, con abalorios colgados como estrellas.
Es tan diferente a todo lo que veo…
Desprende un olor peculiar: es mezcla de canela, sándalo y tierra…
A veces creo que también puede oler a candela, a fuego, a cenizas y hoguera,
porque se pasa horas creando al fuego unos tarrillos a los que le pone nombre y coloca en una estantería, donde mis pulmones, pegaditos al corazón.

Le gusta pasearse por los recodos de mi cuerpo y lamer con ésa lengua extraña todas las heridas. Me hace estremecer pero después las besa y es como si sanaran.
Es una sensación fresca, como la hierbabuena.
Siento que ilumina todo lo que toca, de hecho, cuando la quiero llamar enciendo velas.
Su sabiduría es muy vieja, lo veo en sus manos, en su forma de actuar. Lo hace como ésos seres que hacen las cosas desde una seguridad que casi asusta, pero embelesa, ella te hace confiar.

La observo… En realidad no puedo dejar de mirarla.
Es pura magia.
Embruja.

En las tetas, en su aureola, se ha pintado una luna y un sol y no las cubre más que su pelo. En cambio en su cintura lleva una cuerda que parece una cadena pero está hecha de lana, es suelta y no aprieta. En ella dice guarda mensajes poderosos de los espíritus de sus abuelas.
Dice también que el viento canta y que ése cantar se mete por su falda y le gusta.
A mi me gusta verla con su color tierra, siempre danzando…

A veces ésa chamana viene por la espalda y me susurra cosas.
Puede ser muy silenciosa o en ocasiones, su llegar es como un temblor de tierra.
Me remueve y a  la vez me sana.

Usa runas y me manda señales a través de ellas… Pero yo a veces no las entiendo.
No sé lo que quiere, es muy difícil seguirla.
Otras en cambio, me acoge en ése halo tan puro y embellece mis formas.
Me surrura, me da aliento, me acaricia…
Y me explica que han de cambiar las cosas y que las mujeres sabias debemos ser fuego que propagar y calentar,
no dejarnos ser prendidas en las hogueras.

Dice además que se lo debemos a nuestras abuelas.

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