amor, crianza respetuosa, dragoncito, mama

Pasito a pasito la vida entera*

Ahora que con tus casi diez meses comienzas a andar, y te observo tan emocionada, mientras intentas mantenerte de pie solito o buscas mis manos para apoyarte y lanzarte al mundo por descubrir,
yo, mama de fuego,
mama de incienso y junco,
empiezo a sentir mis pies naciendo al camino también.
Los levanto y muevo arriba y abajo contigo, danzando al compás, junto a la hoguera, como indios salvajes que somos.
Y reconozco el fresco del suelo y la humedad en mis dedos que tiemblan…
Disfruto moviendo mis tobillos en direcciones que quizá podré tomar y que tal vez, me lleven a vidas tan distintas.

Mi niño de agua, dragón valiente… ¡La vida es tan mágica! ¡Hay taaaanto que sentir y caminar!Pies.jpg

Caminas, das un paso y te giras para verme la cara. Tus manos se agarran fuerte… Comparto mis alas, mi niño, estás aquí abajo, al calorcito pero quieres saltar… Y yo te dejo. Y yo empiezo a estar preparada y confiada de soltarte. Quién lo diría… Siempre fuimos fuego, juntos, ardiendo, seres de amor creando hogueras que forman danzas con todo el humo expandiéndose a los cielos, a todas partes. Y ahora… Mi cachorro… ¡ya casi vuelas! Y me siento tan vulnerable, vieja  e ilusionada que creo que mis pies se han vuelto pequeñitos ahora. Mis pies parecen que no saben andar… Que son los tuyos, que van contigo, que se lían y enredan. Que conocen de nuevo todo lo que pisan, y recorren a cada centímetro un universo distinto.

Pero qué bello es caminar, ¿no? Echar a andar y sentir el cuerpo, sentirte sostenido por la Madre Tierra y sus vestidos. Coger, agarrar, apoyar, caerse, tumbarse en el suelo, chuparlo, saborearlo, querer morderlo, salivar, jugar con él, querer cogerlo… Ser suelo y también tierra, y también no ser y solo estar, estar en él.

Yo soy otro tu,
y tú eres mi yo más sabio, instintivo y salvaje que jamás descubrí.

Qué gusto renacer tantas veces contigo.
Aprender de ti.

Aprender a comer, a sonreir, a caminar, a dormir, a soñar, a jugar… A pensar, sentir y hacer.

Mi dragoncito, hijo del agua,
ya estás andando y me miras desde cerca mientras estoy aquí, escribiendo. Tu vida es el agua clara que calma mi fuego que devora,
Y eso me hace saberme libre,

Y te doy las gracias…

 

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